20100306

Un conto de Primi Nécega

Primi Nécega
Era la Noche de Reyes, bella pero fría, llena de gentes por sus calles de alumbrados y estrellas, con grandes anuncios luminosos y villancicos entrañables. Un hombre de mediana edad camina con una bolsa de plástico en su mano, al mismo tiempo que mira con curiosidad escaparates y tiendas que esta noche son una verdadera tentación. Detiene sus pasos en la vidriera de un gran bazar, que llena de juguetes son el asombro de los viandantes.
Cansado quizás, se quedó quieto. Al dar un paso tropezó con un viandante que apurado pasaba y su bolsa de plástico cayó al suelo, rodando todo lo que en ella llevaba dentro. Eran artículos de comida, queso, azúcar, café, galletas y algo más.
-Vd. perdone, dijo con educación el caminante. A lo que nuestro hombre respondió
-Pero si he sido yo, que no miro por donde voy-
-Oiga, pero yo, ¿A usted le conozco?
-Pues no sé –respondió nuestro hombre, aturdido- Entretanto con apuro y rabia recogía las cosas que se habían esparcido de su bolsa.
-No eres Eliseo Perez…
-El mismo. ¿Pero Vd, quién es…?
-Ya veo que no me conoces. Soy Antonio Vallejo, estudiamos juntos, recuerdas…?
-Vallejo… Vallejo, bueno ahora que caigo, ya se quién eres, Antoñito, verdad?.
Fue toda una alegría para ambos después de tantos años sin verse, recordando su tiempo de estudiantes. Eliseo, emocionado, miraba aquel gran amigo suyo, tan ricamente vestido y perfumado, que en un fuerte abrazo le iba contando toda su vida a la vez que le preguntaba por la suya.
-Tu ibas para ingeniero. Que pasó? Cuando marché para la universidad me dijeron que te fueras con tus padres a la capital para terminar tus estudios y nunca mas supe de ti. Antoñito le miraba de arriba abajo esperando una respuesta de aquel amigo…tan amigo, que ahora lo encontraba tan triste y desmejorado.
-Ya ves, sí que hice mi carrera y trabaje en una gran empresa, donde me hicieron mucho daño,( pues tu sabes mi manera de pensar) Al principio todo iba bien, me casé y tuvimos un hijo, que por desgracia, se nos murió joven dejando una viuda y una hija. Por mis ideas o algo mas, mi mujer se marchó y nunca mas supe de ella. Ahora trabajo donde puedo, conservo mi casa para mi nietecita de ocho años, que vive conmigo y que lo es todo para mi. Precisamente iba a comprarle esa muñeca, pero me resulta algo cara…
Vallejo, en silencio no sabia que decir. Sin pensarlo mas dijo: Mira esta es mi tarjeta, quizás pueda ayudarte en el trabajo —si dejas las ideas en tu casa— Pero se me ocurre algo. Espérame aquí…
Eliseo, se quedó mirando como su amigo penetró en los almacenes, comprando algo grande que sujetaba bajo el brazo.
-Toma. Eli, la muñeca para tu nieta. Tienes que aceptarla por aquel favor que tu me hiciste, cuando yo me enamore de Isabel, que hoy es mi mujer y también tenemos nietos
-Como, tu te casaste con Isabel? Que pillín…
Y los dos se abrazaron en aquella noche mágica. Vallejo, ocultando sus lágrimas, decía: si me necesitas me llamas. Mira que lo hagas…
-Eliseo emocionado respondió: Eso haré, amigo mío, no lo dudes. Por mi nieta tengo que intentarlo todo.
Las luces y los villancicos hacían que las calles se convirtieran en algo bello y hermoso. Eli miró las estrellas y envuelto en sus recuerdos pensó: Es verdad que la Noche de Reyes existe y los Magos algunas veces dejan sus regalos.

2 comentarios:

Yo escribo dixo...

Ya pensé que ivas dejar la física para dedicarte en lleno a la literatura. ¿A por el Cervantes, no?

Agremon dixo...

Yo también escribo, me gusta, pero...